Pasamos a relatar el cúmulo de despropósitos que sufrimos en nuestras vacaciones gracias a IBERIA:
El pasado 4 de Diciembre de 2005, teníamos contratado cuatro plazas para el vuelo MAD-JFK con salida a las 17:00 h. Nos vimos envueltos en un overbooking que “legalmente” se solucionó con una indemnización económica y un día perdido de nuestras vacaciones.
Facturamos las maletas para un vuelo el día siguiente y nos adjudicaron el “Hotel Diana” ¿de 4 estrellas? para pasar la noche.
Nos trasladaron en un microbus hasta el hotel en el que tuvimos que ir de pie porque estaban todas las plazas completas
Al entrar en la habitación había pelos en la bañera, sábanas con quemaduras...
La cena, en una cafetería, consistía en un menú mas propio de una comida y con una calidad detestable
-De primero sopa Juliana (que daba miedo) o espaguettis hervidos con un poco de tomate (uno de los platos vino a la mitad)
-Y de segundo salmón (que olía a pescado podrido) o filete de ternera con patatas
- El postre era un yogur danone
Al servir la cena, en la “cafetería Diana”, la mesa estaba sucia, había cubiertos por el suelo, el "mettre" nos llamaba sonriendo y moviendo el dedo para que nos acercáramos a el. Al sentarnos en la mesa no nos pusieron pan, ni diferenciaron cubiertos e incluso tuvimos que pedir cubiertos que faltaban. Para acompañar la comida pedimos una botella de vino para los cuatro y nos pusieron un “vino de mesa” en cuya botella no venía el origen y por su puesto era imposible de beber. Pedimos copas para servirnos agua y nos dijeron que no había porque estaban sucias.
Como teníamos facturadas las maletas para un vuelo el día siguiente y prevenir así un nuevo overbooking, no disponíamos de bolsa de aseo. En Iberia, en el aeropuerto nos dijeron que nos lo facilitarían en el hotel. En el cuarto de baño de la habitación no había nada para el aseo personal. Bajamos a la recepción a solicitar un kit dental y nos dijeron que no había, que preguntáramos al día siguiente por la mañana cuando llegaran las limpiadoras. Al día siguiente bajamos a la recepción que seguía sin el kit dental y nos dijeron que buscáramos a las limpiadoras para ver si ellas tenían. Llegué a preguntarle a tres limpiadoras y ninguna tenía. Pero eso si, me dieron un kit para limpiar los zapatos y otro para el afeitado. Curiosamente, en la tienda “Lourdes” que vende libros y prensa dentro del Hotel vendían pasta de dientes, cepillos y desodorante a precios desorbitados. Cuando subí a la habitación de nuevo, a las 9:00 AM, mi pareja me comentó que las limpiadoras habían abierto sin llamar 2 veces la puerta de la habitación (repito, a las 9 de la mañana y sin llamar).
A la hora de volver al aeropuerto estuvimos esperando 1 hora el autobús que este Hotel tiene de lanzadera, en cual era insuficiente para transportar a todas las personas que estábamos esperando. Tuvimos que llamar un taxi que nos llevara al aeropuerto, porque este servicio del Hotel también era insuficiente.
En resumen, nos sentimos maltratados, humillados, impotentes y avergonzados de cómo nos estaban tratando y sintiendo vergüenza ajena de la imagen que Iberia estaba dando a los turistas de los distintos overbookings y distintas nacionalidades que allí nos concentrábamos.